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Un dia en la Vida del Pastor de las ovejas de Viñayo

10 feb

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Un día en la vida del pastor

 

Apenas despunta el día, aún no ha salido el Sol, y en la corte de Ezequiel, los corderos buscan a sus madres, para tomar su ración con la que han de pasar el resto del día, ellos son demasiado pequeños para trotar por los montes, las ovejas como todos los días saldrán a pastar por los montes y tierras próximas a Viñayo, Ezequiel hace acto de presencia en la corte, y se origina un pequeño revuelo, trae consigo un caldero repleto de avena, la “golosina” que las ovejas estaban esperando, tan ansiosas están en ser las primeras en comer, que no le dejan avanzar. Se abre paso con esta expresión,   “orra” “quita”  pa´ allá”. Cuando acaba de suministrar la ración, sale con los dos perros, el Troski y el León para afuera, ahora les toca a ellos el turno del desayuno.

Así todos los días,  haga sol o llueva, es la rutina, y se la tiene muy bien aprendida, lleva toda la vida con este oficio.

El tiempo pasa raudo , y apenas ha empezado la labor diaria al amanecer, ya toca separar a los corderos más pequeños de sus madres, para sacar el resto del rebaño.  Troski da saltos a su alrededor, esta deseando iniciar la marcha, es un auténtico campeón, dice que es el mejor perro de carea que ha tenido, no se le escapa ni una sola de las ovejas, allá donde le marque, él sale veloz, y hace su trabajo en un “periquete”.

Ezequiel coge su zurrón con el almuerzo y la merienda para todo el día, abre la puerta dela corte, y comienzan a salir las ovejas  dándose empujones, al mismo tiempo, en todas las cortes del pueblo se abren también las puertas, dando paso a las ovejas que los vecinos tienen particularmente, las cuales se añaden a las de Ezequiel y entre todas, forman el rebaño del que cuida durante todo el día.

La integración de todas en el grupo, se produce al final de Viñayo en los “Molines”, confluencia de las últimas calles, al final de  la calle de “el Pocirón”, hay una presa con forma de badén y las ovejas que proceden de aquella parte, tienen que saltar, porque siempre tiene agua.

Esa  presa, además de cumplir la misión de riego, tiene la de mantener siempre un caudal continuo de agua, en previsión de posibles incendios en las casas, según un decreto local establecido hace muchos  años, después de que se incendiaran algunos edificios tiempo atrás.

Retomando el tema; una vez que el rebaño está completo, se inicia la marcha hacia los pastos.

Los sitios donde han de pastar, los elige Ezequiel, tiene buena mano, sabe donde esta la mejor hierba  en cada momento.

El día de hoy, lo va a pasar, entre los Llanos y Valdirón, en los rastrojos de las tierras, que hace poco tenían centeno, y ahora les quedan lo que no pudieron recoger, algún brote no segado alguna espiga, y como llovió la semana pasada, hay algo de hierba  nueva.

Es mediodía, hoy el sol aprieta de lo lindo, León el perro mastín, saca su gran lengua para mitigar un poco el calor, jadeando, esta a la sombra de un espino, el rebaño se mueve despacio, a su paso desaparecen los brotes nuevos la paja y espigas abandonadas tras la siega, llega a un tramo, que por suerte tiene pequeños arbustos, esta en una vaguada, por la que discurre el arrollo de Valdirón, que ahora está completamente seco, en ese lugar dejan de avanzar, y se toman un respiro. Es la hora de sestear, como pueden ocultan sus cabezas en las sombras, y esperan pacientemente.

De pronto, una oveja sale corriendo, algo la asusto, otras la siguen,  Ezequiel que las ve se levanta de un salto, coge una pequeña piedra,  que lanza en la dirección que ha de correr Troski, al tiempo que exclama, “!ueja!” “!orra qui!”, el perro sale disparado y en un abrir y cerrar de ojos, todo el rebaño esta de nuevo en su sitio. Ezequiel se dirige presuroso a ver lo que asusto a la oveja, y descubre algo que le parece una cama de liebre;  -de seguro que fue la liebre lo que asusto a la oveja – se dice,  vuelve a su sombra, y espera que baje un poco más la fuerza del Sol,  para continuar con la marcha de pastoreo.

Pasa el tiempo, la tarde declina, ya se ve el rebaño acercarse por la cuesta del Camparón, en el pueblo se preparan, para acercarse a recoger cada una de sus ovejas.

Ya se oyen las esquilas, que cuelgan de los cuellos de algunas de las ovejas, primero vienen las que tienen crías, se escuchan sus validos, cuando llegan al cruce de los Molines, parece que saben para donde tienen que ir, sólo algunas, muy raramente, no toman la dirección correcta, ese es el momento de dar caza a las descarriadas, y corregirles la trayectoria equivocada

Si a pesar de esto, alguna logra pasar sin ser vista hacia otro destino que no es el suyo, a la mañana  siguiente saldrá de nuevo a pastar, y ese día, el dueño tendrá que estar más atento cuando regresen.

En la calle nunca se quedan, siempre alguien las recoge.

Ezequiel, cuando llega a su corte, tiene por costumbre dejar por un momento en el exterior su ganado, entra él sólo a ver como están las crías que dejó durante el día, y las deja salir para que busquen a sus madres. Todos los corderos las reconocen, espera a que mamen los corderos, y después deja entrar poco a poco a todo el rebaño.

Los perros tienen su ración de cena, y se recogen dentro, ahí tienen su sitio, ahora toca recoger todo, asearse y a cenar. En la casa que por turno le toque, con el resto de los integrantes de esa familia,  pues, como pastor, cada uno de los que tienen ganado dentro del rebaño, (casi la totalidad de los vecinos de Viñayo), se reparten a turnos la atención personal incluido el alojamiento y todos los cuidados que necesite del pastor, a razón de las cabezas de ganado que envían con el rebaño.

Una vez cenados, un rato de charla, comentando las anécdotas del día a día, seguidamente, a dormir placidamente, para recuperarse del trote que supone estar todo el día caminando de un sitio para otro, aunque lentamente, y con el inconveniente que conlleva, que un día hace bueno, y otro hace un día de perros, con sol, con lluvia, con niebla y a veces también con nieve; pues  algún día de comienzo y finales invierno, si no está muy crudo, y hay hierba a la vista, también sale el rebaño, aunque menos tiempo.

Este fue un día de trabajo en la vida del pastor Ezequiel, curtido por el sol de justicia y los vientos y tormentas que ha soportado, en su ir y venir por esos montes, al cuidado del rebaño.

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Publicado por en 10/02/2011 en VIÑAYO MI PUEBLO

 

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